La jornada escolar de siete horas comienza a tomar una dimensión que excede a las escuelas donde ya funciona: Mendoza avanza con un modelo que busca ampliar el tiempo de permanencia de los alumnos en las aulas y podría convertirse en una referencia para otras provincias.
La modalidad alcanza a 230 escuelas primarias estatales y
establece siete horas diarias de actividad presencial para los estudiantes de
primero a séptimo grado.
El objetivo central es aprovechar ese tiempo adicional para
reforzar aprendizajes fundamentales, especialmente en Lengua, Matemática,
alfabetización científica, comprensión lectora y producción escrita.
Siete horas de clases: qué cambia para los
alumnos
La extensión supone incorporar dos horas y media
adicionales respecto de la jornada habitual de 4 horas y media que tenía el
sistema mendocino.
Con el nuevo esquema, las instituciones alcanzan 35 horas
semanales de actividad escolar, superando el piso de 25 horas semanales
planteado a nivel nacional como parte de la estrategia de ampliación progresiva
de la jornada.
La propuesta alcanza a toda la matrícula de las escuelas
incorporadas. No se trata solamente de permanecer más tiempo dentro del
establecimiento, sino de utilizar esas horas para profundizar contenidos y
acompañar las trayectorias educativas.
Más tiempo en la escuela y almuerzo garantizado
El modelo también incorpora una dimensión vinculada con la
alimentación. El 100% de los estudiantes de las instituciones alcanzadas recibe
el almuerzo durante la jornada escolar.
La comida se brinda mediante comedores propios o a través
de viandas, según las características y posibilidades de cada establecimiento.
De esta manera, la jornada extendida combina mayor tiempo
de enseñanza con una prestación alimentaria que permite a los alumnos
permanecer en la escuela durante buena parte del día.
Un modelo que podría marcar el futuro educativo
La ampliación de la jornada escolar está contemplada por la
Ley de Educación Nacional 26.206 y por distintas resoluciones del Consejo
Federal de Educación. La estrategia apunta a avanzar progresivamente hacia más
horas de permanencia en las escuelas primarias.
En Mendoza, la implementación forma parte del programa
“Hacia la Universalización de la Jornada Extendida o Completa”, que busca
utilizar la ampliación horaria como una herramienta para fortalecer los
aprendizajes y reducir las brechas educativas.
La experiencia adquiere especial relevancia en un escenario
nacional en el que el tiempo efectivo de aprendizaje es uno de los desafíos
centrales del sistema educativo.
Qué se busca lograr con las horas adicionales
Las horas incorporadas están destinadas prioritariamente a
fortalecer la comprensión lectora, la escritura y la alfabetización matemática
y científica.
La idea es que la extensión no sea solamente cuantitativa,
sino que permita desarrollar propuestas pedagógicas complementarias y brindar
mayor acompañamiento a los estudiantes que necesitan más tiempo para consolidar
determinados conocimientos.
El modelo también contempla una mayor organización del
trabajo docente. La extensión horaria implica modificaciones en la actividad de
los maestros y un incremento de las horas de servicio, con el correspondiente
impacto salarial.
Mendoza como posible referencia para otras
provincias
La experiencia mendocina pone nuevamente en discusión
cuánto tiempo deberían permanecer los alumnos en las escuelas y cómo utilizar
de manera efectiva esas horas adicionales.
Con 35 horas semanales, almuerzo garantizado y una
planificación orientada a los aprendizajes prioritarios, el esquema podría
convertirse en un antecedente para futuras decisiones educativas en otras
jurisdicciones.
El desafío hacia adelante será medir los resultados
concretos: si más horas de escuela se traducen en mejores aprendizajes, menor
brecha educativa y mejores trayectorias. Esos indicadores serán determinantes
para evaluar si este modelo puede extenderse a escala nacional.
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