Brad Pitt reveló que volvió a consumir alcohol después de
haber pasado siete años sin beber. El actor explicó que actualmente lo hace de
manera más limitada y bajo sus propios criterios.
La confesión surgió durante una entrevista con Esquire,
donde contó que había dejado atrás la abstinencia absoluta y que ahora intenta
mantener un consumo controlado.
Pitt dejó de beber en 2016, durante la crisis que atravesó
su matrimonio con Angelina Jolie. Posteriormente participó durante
aproximadamente un año y medio en Alcohólicos Anónimos, experiencia a la que
atribuyó un papel importante en su recuperación.
En 2019, el actor había contado que había llegado a un
punto en el que decidió dejar completamente el alcohol. “Llevé el asunto
bastante lejos, así que me quité el privilegio de beber”, había señalado
entonces.
Una discusión sobre las formas de recuperación
La nueva declaración generó reacciones entre personas que
atravesaron procesos de recuperación y especialistas en adicciones. El debate
gira en torno a si alguien con antecedentes de consumo problemático puede
volver a beber de manera controlada.
Christopher W. Kahler, director del Centro de Estudios
sobre Alcohol y Adicciones de la Universidad de Brown, explicó que existen
diferentes caminos de recuperación.
“Las personas con un trastorno por consumo de alcohol
muestran una variedad de caminos diferentes”, sostuvo el investigador, y señaló
que algunos incluyen abstinencia completa mientras otros contemplan
alternativas.
La especialista Melissa Weimer, de la Escuela de Medicina
de Yale, remarcó que el trastorno por consumo de alcohol es una enfermedad
crónica y que las estrategias de tratamiento deben adaptarse a las necesidades
de cada persona.
Abstinencia, moderación y reducción de daños
Weimer explicó que, en determinados casos, los
especialistas recomiendan mantener la abstinencia, aunque también existen
tratamientos individualizados y herramientas médicas que pueden ayudar a
reducir el consumo.
Entre esas alternativas mencionó medicamentos como la
naltrexona, que puede disminuir el efecto de recompensa asociado al alcohol y
ayudar a algunas personas a controlar su ingesta.
Alta DeRoo, directora médica de la Fundación Hazelden Betty
Ford, cuestionó la idea de que exista un único camino válido para recuperarse
de una adicción.
La especialista sostuvo que los profesionales deben
acompañar a cada paciente desde su situación particular, ya sea mediante
abstinencia, moderación o reducción de daños, sin convertir el proceso en una
instancia de juicio.
Los años de sobriedad no pierden valor
DeRoo también planteó que una recaída o un intento de
volver a consumir alcohol no necesariamente elimina los avances logrados
durante los años anteriores.
Según explicó, durante ese período las personas pueden
haber desarrollado herramientas para afrontar situaciones difíciles,
reconstruido vínculos y mejorado su salud, logros que permanecen pese a los
cambios posteriores.
Pitt, por su parte, no presentó su experiencia como un
modelo de recuperación para otras personas. En su entrevista simplemente
describió su situación actual y evitó afirmar cómo será su relación con el
alcohol en el futuro.
El investigador Kahler resumió esa perspectiva al señalar:
“Lo que alguien considera como recuperación hoy, puede no ser el lugar en el
que se encuentre en cinco años”. La discusión sobre el caso de Pitt vuelve a
poner el foco en la diversidad de caminos que pueden existir frente a los
problemas relacionados con el alcohol.
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