Un petrolero vinculado a la denominada “flota fantasma
rusa” continúa derramando crudo frente a las costas de Omán, en una zona marina
protegida. El buque permanece varado desde fines de junio y la contaminación se
extiende sobre cientos de kilómetros cuadrados.
Se trata del Caroline Bezengi, una embarcación de 274
metros que transportaba alrededor de 800.000 barriles de petróleo ruso. El
barco quedó inmovilizado el 30 de junio cerca de las islas Hallaniyat, en la
gobernación de Dhofar.
La emergencia genera preocupación por el impacto sobre
ecosistemas sensibles y, además, por la dificultad para determinar quién debe
hacerse cargo de la operación de contención y de los eventuales costos de
limpieza.
La mancha de petróleo avanza sobre una zona
protegida
El derrame se encuentra al noreste de las islas Hallaniyat
y, en su punto más cercano, llegó a ubicarse a unos siete kilómetros de la
costa.
Los registros citados por medios locales indican que la
contaminación observada a lo largo de su recorrido alcanzó unos 449 kilómetros,
mientras que las proyecciones advertían sobre un posible desplazamiento
adicional de 121 kilómetros en 48 horas, condicionado por el viento, las
corrientes y el estado del mar.
Las áreas más densas de la mancha podrían aproximarse a Ras
Madrakah, donde existen arrecifes de coral, sectores de reproducción de
tortugas y otros hábitats marinos considerados prioritarios.
Haneen Keskes, responsable de campañas políticas de
Greenpeace para Medio Oriente y Norte de África, advirtió: “Llevamos semanas
con un petrolero dañado que transporta una carga muy sustancial de crudo,
varado en un área marina protegida y ecológicamente sensible, y ahora pierde
petróleo al mar a un ritmo exponencial”.
El problema de encontrar un responsable
El caso presenta una dificultad adicional: el petrolero no
tendría actualmente una cadena de responsabilidad marítima claramente
identificada.
El Caroline Bezengi perdió el registro de Camerún a fines
de mayo y figura ante la Organización Marítima Internacional con bandera
desconocida. Tampoco existe constancia de un seguro vigente a través de alguno
de los principales clubes internacionales de protección e indemnización.
La empresa propietaria, cuya sede fue reportada en
Shanghái, tampoco habría respondido a los pedidos de las autoridades omaníes
para retirar la embarcación.
“No queda claro quién va a pagar por esto”, planteó Keskes,
quien reclamó asistencia internacional para acelerar las tareas destinadas a
controlar el derrame.
Omán intenta contener la contaminación
Las autoridades omaníes mantienen un operativo que combina
imágenes satelitales, modelos ambientales y tareas de buceo para determinar el
estado del casco y localizar los puntos por donde se produce la fuga.
Mohammed bin Abdullah Al-Rawahi, director general de
Asuntos Marítimos del Ministerio de Transporte, explicó que las condiciones
meteorológicas dificultaron las tareas técnicas. Una empresa especializada
participa en la inspección y en la planificación de un eventual traslado de la
carga.
Desde la Autoridad de Medio Ambiente de Omán, su
presidente, Abdullah bin Ali Al-Amri, afirmó que “no existe absolutamente
ningún motivo de preocupación” respecto de las plantas desalinizadoras, la
actividad de piscicultura y otros sectores económicos y turísticos de la costa.
Sin embargo, análisis de imágenes satelitales realizados
sobre el área indicaron que el derrame continuaba expandiéndose hacia fines del
mes pasado.
El caso vuelve a poner bajo la lupa a la “flota
fantasma”
El episodio ocurre mientras crece la presión internacional
sobre los buques utilizados para transportar petróleo ruso y evadir las
sanciones impuestas por distintos países.
La Unión Europea intensificó las inspecciones y retenciones
de embarcaciones sospechadas de participar en estas operaciones. Desde Moscú,
Vladimir Putin calificó algunas de esas medidas como violaciones del derecho
marítimo y las comparó con “piratería y saqueo”.
El Caroline Bezengi había navegado entre zonas de conflicto
vinculadas con Rusia y Yemen antes de quedar varado. Hasta el momento, ninguna
de las partes involucradas reclamó un eventual ataque contra la embarcación.
Mientras continúan los trabajos de monitoreo, el principal
desafío para Omán es contener el derrame y evitar que alcance ecosistemas
costeros sensibles. La ausencia de un propietario, bandera y aseguradora
claramente identificados podría convertir el caso en un complejo precedente
ambiental y jurídico.
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