El Gobierno de Rusia anunció la suspensión temporal de las
exportaciones de diésel hasta el 31 de julio, en un intento por contener una
crisis de suministro que afecta a gran parte del territorio nacional.
La medida fue comunicada por el viceprimer ministro
Alexánder Nóvak durante una reunión con el presidente Vladímir Putin. La
prohibición alcanza tanto a intermediarios como a las propias empresas
productoras.
El funcionario reconoció que la situación del mercado
interno “no es fácil” y confirmó además que Moscú comenzará a importar
productos petrolíferos para cubrir la demanda.
Ataques ucranianos golpearon la producción de combustible
La escasez está vinculada a una serie de ataques con drones
realizados por Ucrania contra instalaciones energéticas rusas, especialmente
refinerías, que redujeron la capacidad de procesamiento de combustible.
Según reportes del sector, varias plantas sufrieron daños
en los últimos meses y algunas debieron detener parcialmente sus operaciones.
El ataque más reciente afectó a la refinería de Omsk, una de las más
importantes del país.
Las restricciones comerciales y las dificultades para
conseguir componentes especializados también complicaron las reparaciones de
las instalaciones afectadas.
Faltante de combustible y suba de precios internacionales
La crisis comenzó a reflejarse en las estaciones de
servicio rusas, donde se registraron largas filas y restricciones de venta en
distintas regiones.
Autoridades locales informaron problemas de abastecimiento
en decenas de zonas del país, mientras algunas regiones declararon medidas de
emergencia para administrar el suministro disponible.
El impacto también llegó a los mercados internacionales. El
precio de referencia del diésel europeo alcanzó niveles récord ante la
preocupación por una menor disponibilidad de oferta rusa.
Moscú flexibiliza normas y busca alternativas
Además de limitar las exportaciones, el Kremlin adoptó
otras medidas para sostener la producción interna, como la postergación de
tareas de mantenimiento en refinerías y la priorización del abastecimiento en
zonas más afectadas.
El Gobierno ruso también autorizó temporalmente la
fabricación de combustibles con estándares ambientales inferiores para aumentar
la capacidad productiva.
Rusia, uno de los principales actores del mercado
energético mundial, enfrenta así una presión creciente sobre su industria
petrolera mientras continúan los ataques contra su infraestructura estratégica.
La evolución de la crisis dependerá de la recuperación de
las refinerías dañadas, la llegada de importaciones y el desarrollo del
conflicto entre Moscú y Kiev en los próximos meses.
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