Cerca de 200 mineros artesanales del sur de Venezuela
abandonaron temporalmente sus tareas en los yacimientos de oro para colaborar
en la búsqueda de víctimas del doble terremoto que afectó a La Guaira el pasado
24 de junio.
Con herramientas propias y experiencia en excavaciones
subterráneas, los trabajadores ingresan entre edificios destruidos para
intentar localizar personas atrapadas y recuperar cuerpos entre los restos de
las estructuras colapsadas.
A casi dos semanas de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5,
familiares de desaparecidos continúan concentrados en las zonas afectadas,
mientras mantienen la esperanza de encontrar a sus seres queridos.
Trabajos entre estructuras inestables
Los mineros comenzaron a participar en las tareas desde el
día posterior al terremoto y recorrieron distintos sectores de Caraballeda, una
de las áreas más golpeadas.
Uno de ellos, Aarón Reyes, relató que durante una búsqueda
lograron detectar con vida a un niño de 12 años dentro de un edificio
derrumbado, luego de que equipos especializados indicaran inicialmente que no
había señales de sobrevivientes.
Tras encontrar al menor, solicitaron la intervención de
rescatistas preparados para completar la extracción con equipos adecuados.
Técnicas de minería aplicadas al rescate
Los trabajadores utilizan métodos similares a los empleados
en las minas: colocan soportes de madera para reducir riesgos, abren pequeños
accesos entre los escombros y avanzan con cuerdas para desplazarse en espacios
reducidos.
Aunque los equipos oficiales advierten sobre el peligro de
nuevos derrumbes, los mineros aseguran que su intervención permitió acelerar la
búsqueda en zonas donde las familias continuaban esperando respuestas.
Entre los restos de cemento, buscan señales que indiquen la
presencia de víctimas, como movimientos de estructuras, humedad, objetos
personales o rastros que puedan orientar hacia posibles ubicaciones.
Familias siguen buscando respuestas
Para muchos familiares, la llegada de los mineros significó
una ayuda fundamental ante la falta de recursos suficientes para continuar con
las tareas.
Juan Andrade, uno de los afectados, aseguró que estos
trabajadores colaboraron para avanzar en la búsqueda de sus familiares
atrapados, pese a que nunca habían realizado tareas de rescate.
Los mineros sostienen que continúan trabajando porque
muchas familias todavía esperan encontrar a sus seres queridos, mientras
cuestionan la disminución de la ayuda internacional en la zona.
Crece la incertidumbre por los desaparecidos
El balance oficial del desastre indica que más de 3.500
personas murieron y alrededor de 16.700 resultaron heridas tras los terremotos.
Sin embargo, organizaciones civiles aseguran que la
cantidad de personas no localizadas podría superar las 30.000, una cifra que
mantiene la presión sobre las autoridades y los equipos de emergencia.
Mientras continúan las tareas de remoción de escombros, los
mineros y familiares permanecen en la zona afectada con el objetivo de
recuperar a las víctimas y cerrar una de las mayores tragedias recientes de
Venezuela.
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