El Gobierno de Estados Unidos activó el nivel máximo de
respuesta sanitaria por el crecimiento del brote de ébola en África y anunció
el envío de tratamientos experimentales a la República Democrática del Congo y
Uganda. La decisión busca contener la propagación del virus Bundibugyo, una
variante para la que todavía no existe una vacuna aprobada.
La medida fue coordinada por los Centros para el Control y
la Prevención de Enfermedades (CDC), que también reforzaron la vigilancia
epidemiológica y la cooperación internacional para evitar que la emergencia
sanitaria se expanda a otros continentes.
Tratamientos experimentales y mayores controles
Entre las acciones anunciadas figura el envío del
medicamento experimental MBP134, desarrollado con anticuerpos para combatir el
virus, además de kits de diagnóstico destinados a identificar rápidamente los
distintos casos de ébola.
Parte de esos tratamientos también será utilizada en
ensayos clínicos que realizará la Universidad de Oxford, mientras que Estados
Unidos endureció los controles sanitarios para viajeros provenientes de las
zonas afectadas, redireccionando vuelos hacia aeropuertos preparados para
aplicar protocolos especiales.
Más de mil contagios y cientos de fallecidos
De acuerdo con el último reporte sanitario, la República
Democrática del Congo registra 1.118 casos confirmados y 291 personas
fallecidas desde que comenzó el brote a mediados de mayo. En Uganda se
contabilizaron otros 20 contagios y dos muertes.
La expansión internacional ya alcanzó a Francia, donde fue
detectado un caso importado correspondiente a un médico que había participado
en una misión humanitaria en territorio congoleño. Las autoridades francesas
activaron inmediatamente los protocolos de aislamiento y seguimiento
epidemiológico.
Una variante sin vacuna disponible
El brote actual corresponde a la variante Bundibugyo del
virus del ébola, que hasta el momento no cuenta con vacunas autorizadas ni
tratamientos específicos aprobados.
Los pacientes pueden presentar fiebre alta, dolores
intensos, vómitos, debilidad extrema, hemorragias y otras complicaciones
graves. Mientras tanto, los antivirales MBP134 y remdesivir serán evaluados en
estudios clínicos internacionales impulsados por la Organización Mundial de la
Salud (OMS).
Cooperación internacional para frenar la epidemia
La ONU y la OMS advirtieron que la emergencia se desarrolla
en regiones con graves dificultades humanitarias, donde el acceso sanitario es
limitado y el seguimiento de contactos continúa siendo un desafío. Además,
decenas de trabajadores de la salud contrajeron la enfermedad durante las
tareas de atención.
En paralelo, organismos internacionales impulsan el
desarrollo de una vacuna específica contra la variante Bundibugyo y ampliaron
la capacidad de diagnóstico y atención médica en la región. La evolución del
brote dependerá de la rapidez de la respuesta internacional y de la eficacia de
las medidas para contener nuevos contagios.
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