La exposición prolongada a fuentes de luz brillante durante
la noche podría aumentar las probabilidades de desarrollar enfermedades
oculares asociadas al envejecimiento, de acuerdo con una investigación
realizada en el Reino Unido.
El trabajo científico analizó a 82.826 adultos y encontró
que quienes permanecían bajo altos niveles de iluminación artificial entre las
20:00 y las 23:30 presentaban una mayor incidencia de patologías visuales a lo
largo del tiempo.
Los resultados fueron publicados en la revista
especializada GeroScience y abren nuevas líneas de investigación sobre el
impacto de los hábitos nocturnos en la salud ocular.
Qué enfermedades mostraron mayor riesgo
Los investigadores identificaron una asociación
significativa entre la exposición a luz intensa y tres de las principales
causas de pérdida de visión en adultos mayores.
Según el estudio, el riesgo de desarrollar degeneración
macular relacionada con la edad aumentó un 31%, mientras que la probabilidad de
sufrir cataratas fue un 18% más alta.
El dato más relevante surgió en el caso del glaucoma
primario de ángulo abierto, donde se observó un incremento del 47% en
comparación con quienes estuvieron expuestos a menores niveles de iluminación.
Cómo se realizó la investigación
Los participantes formaron parte de la base de datos UK
Biobank y utilizaron durante una semana dispositivos capaces de medir la
cantidad de luz recibida y la actividad física en tiempo real.
Posteriormente, los científicos realizaron un seguimiento
de casi ocho años para detectar la aparición de nuevas enfermedades oculares.
Para garantizar la precisión de los resultados, se excluyó
desde el inicio a las personas que ya padecían trastornos visuales.
El reloj biológico, en el centro del análisis
Los especialistas sostienen que el ojo no solo cumple una
función visual, sino que también participa en la regulación de los ritmos
circadianos, responsables de coordinar los ciclos biológicos del organismo.
La exposición a luz intensa durante la noche podría alterar
esos mecanismos naturales y favorecer procesos vinculados al envejecimiento
celular.
Además, los autores señalaron que la luz azul emitida por
pantallas LED, dispositivos electrónicos y sistemas de iluminación modernos
podría contribuir al estrés oxidativo y al deterioro progresivo de estructuras
sensibles como la retina y el cristalino.
Pantallas y luces intensas, bajo observación
El estudio estableció que el umbral de riesgo se ubicó por
encima de los 1.000 lux, una intensidad superior a la iluminación habitual de
una vivienda.
Por ese motivo, los investigadores consideran que las
principales fuentes de exposición podrían encontrarse en pantallas de alta
luminosidad, carteles electrónicos, oficinas con iluminación intensa y
determinados entornos laborales.
Los especialistas remarcan que reducir el brillo de los
dispositivos electrónicos, utilizar luces tenues antes de dormir y respetar los
horarios de descanso podrían convertirse en medidas simples para proteger la
salud visual a largo plazo.
Mientras continúan las investigaciones, los hallazgos
refuerzan la importancia de adoptar hábitos nocturnos más saludables para
preservar la visión y reducir factores de riesgo asociados al envejecimiento
ocular.
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