A menos de cinco meses de las elecciones presidenciales en
Brasil, un nuevo sondeo nacional reflejó un escenario de máxima paridad entre
el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro. Ambos
registraron 45% de intención de voto en una eventual segunda vuelta.
El relevamiento fue realizado por la consultora Datafolha
entre el 12 y el 13 de mayo en 139 municipios brasileños. Además, el 9% de los
consultados aseguró que votaría en blanco o anularía su sufragio, mientras que
un 1% aún no definió su postura.
Crece la tensión política
El empate representa un cambio respecto de abril, cuando
Flávio Bolsonaro aparecía con una leve ventaja sobre Lula. El escenario
confirma una fuerte polarización política en el país y anticipa una campaña
marcada por disputas judiciales, enfrentamientos públicos y tensión
institucional.
En paralelo, la figura del hijo del expresidente Jair
Bolsonaro quedó envuelta en una polémica luego de que medios brasileños
difundieran conversaciones con el empresario Daniel Vorcaro, investigado por
presuntos hechos de corrupción.
Según trascendió en Brasil, el senador habría solicitado
financiamiento para una película sobre la vida de Jair Bolsonaro. Flávio
reconoció el contacto, aunque negó cualquier irregularidad y aseguró que no
existió intercambio de favores políticos.
Lula busca fortalecerse
Mientras tanto, Lula logró recuperar terreno en las últimas
semanas tras reforzar su presencia pública con anuncios económicos y reuniones
internacionales. Entre ellas se destacó un encuentro con el presidente
estadounidense Donald Trump en Washington.
El mandatario brasileño también impulsó medidas vinculadas
al refinanciamiento de deudas y programas sociales, en un contexto donde la
inflación mostró una desaceleración durante abril.
La encuesta además midió otros posibles escenarios
electorales. Lula mantiene ventaja frente a dirigentes como Romeu Zema y
Ronaldo Caiado, aunque las diferencias se redujeron en comparación con meses
anteriores.
Un país dividido rumbo a octubre
El estudio expuso además un crecimiento del interés
político entre los jóvenes brasileños, especialmente tras el aumento de
inscripción de votantes de 16 y 17 años en los últimos procesos electorales.
Sin embargo, persiste un clima de desconfianza sobre el sistema electoral. Distintos sondeos recientes reflejaron dudas de parte de la población respecto al funcionamiento de las urnas electrónicas.
Con este panorama, Brasil se encamina hacia una elección
presidencial altamente competitiva, atravesada por escándalos políticos,
tensión institucional y un electorado dividido casi en partes iguales.
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