El gobierno de coalición encabezado por Benjamin Netanyahu
colapsó en medio de una fuerte disputa interna sobre el servicio militar
obligatorio para estudiantes religiosos, lo que derivará en elecciones
anticipadas en Israel.
En este escenario, el presidente de Estados Unidos, Donald
Trump, decidió respaldar políticamente a Netanyahu y acompañar su campaña para
continuar al frente del gobierno israelí.
La ley que provocó la crisis
La ruptura de la coalición oficialista se produjo tras el
fracaso de un proyecto impulsado por sectores ultraortodoxos que buscaban
eximir del servicio militar a estudiantes de academias rabínicas.
La iniciativa generó fuertes diferencias dentro del bloque
gobernante y terminó debilitando la relación entre Netanyahu y sus aliados
religiosos.
El primer ministro decidió retirar el proyecto ante la
falta de apoyo parlamentario en la Knesset, el Parlamento israelí, pero la
medida aceleró la ruptura política.
Uno de los referentes religiosos que sostenían la
coalición, el rabino Dov Lando, confirmó públicamente la pérdida de confianza
en Netanyahu.
Trump apuesta por la continuidad de Netanyahu
Desde Washington consideran a Netanyahu uno de los
principales aliados estratégicos de Estados Unidos en Medio Oriente.
Por ese motivo, Trump planea involucrarse activamente en la
campaña electoral israelí, en medio de la tensión regional por el conflicto con
Irán y la situación militar en Gaza, Líbano y Yemen.
Incluso, no se descarta una futura reunión entre ambos
líderes antes de los comicios, ya sea en Washington o en la residencia de Trump
en Mar-a-Lago.
La oposición busca unirse
La oposición israelí comenzó a reorganizarse rápidamente
tras la caída del gobierno.
Los dirigentes Naftali Bennett y Yair Lapid avanzan en una
estrategia conjunta para enfrentar a Netanyahu en las próximas elecciones.
Ambos dirigentes buscan capitalizar el desgaste interno del
oficialismo y el malestar generado por el debate sobre el servicio militar
obligatorio.
Elecciones y tensión regional
Las elecciones parlamentarias estaban previstas
originalmente para octubre, aunque ahora podrían adelantarse para septiembre
tras la disolución del Parlamento.
Mientras tanto, la crisis política coincide con un
escenario internacional delicado marcado por la tensión entre Estados Unidos e
Irán.
En la Casa Blanca siguen de cerca la evolución política en
Israel y mantienen contactos permanentes con el gobierno de Netanyahu para
coordinar posiciones frente al conflicto en Medio Oriente.
La campaña electoral israelí se desarrollará así en medio
de una fuerte polarización interna y bajo el impacto de una situación regional
cada vez más inestable.
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