El Vaticano confirmó que considerará “un acto cismático” la
ordenación de nuevos obispos anunciada por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X
(FSSPX) para el próximo 1 de julio, ya que no cuenta con autorización del Papa.
La Santa Sede sostuvo que quienes participen en esas
consagraciones episcopales podrían recibir excomunión automática, tal como
establece el derecho canónico para este tipo de situaciones.
La advertencia fue difundida por el Dicasterio para la
Doctrina de la Fe, organismo encargado de supervisar cuestiones doctrinales
dentro de la Iglesia católica.
Una disputa que lleva décadas
La Fraternidad San Pío X fue creada en 1970 en Suiza y
mantiene desde entonces una postura crítica hacia las reformas impulsadas por
el Concilio Vaticano II.
El grupo defiende la misa tradicional en latín y rechaza
cambios litúrgicos y doctrinales implementados por Roma en las últimas décadas.
La ruptura más fuerte ocurrió en 1988, cuando el arzobispo
Marcel Lefebvre ordenó cuatro obispos sin permiso del Vaticano. Esa decisión
derivó en excomuniones y profundizó el conflicto con la Santa Sede.
Años después, durante el pontificado de Benedicto XVI, se
levantaron algunas sanciones para intentar reconstruir el diálogo, aunque la
fraternidad nunca recuperó reconocimiento pleno dentro de la Iglesia.
El motivo de las nuevas consagraciones
El actual superior de la FSSPX, Davide Pagliarani, defendió
la necesidad de nombrar nuevos obispos debido a la avanzada edad de los
prelados actuales.
Según explicó la organización, la medida busca garantizar
la continuidad de sus actividades religiosas y pastorales en distintos países.
Actualmente, la fraternidad posee presencia internacional
con cientos de sacerdotes, seminaristas y centros educativos distribuidos en
varios continentes, situación que genera preocupación en el Vaticano por la
posible consolidación de una estructura paralela.
El mensaje de León XIV
Mientras crece la tensión con la FSSPX, el papa León XIV
encabezó una jornada de oración en la plaza San Pedro y recordó el atentado que
sufrió Juan Pablo II en 1981.
El pontífice vinculó la fecha con la celebración de la
Virgen de Fátima y destacó el valor simbólico de aquella jornada para la
historia reciente de la Iglesia católica.
La decisión que tome finalmente la Fraternidad San Pío X
podría profundizar uno de los conflictos religiosos más importantes que
enfrenta el Vaticano desde fines del siglo pasado.
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