Una amplia revisión científica encontró que las personas
que realizan actividad física de forma regular presentan una menor edad
biológica en comparación con quienes son sedentarias.
El trabajo, basado en más de 145.000 participantes, fue
desarrollado por investigadores de Singapur y publicado en The Lancet Healthy
Longevity. Los resultados fueron destacados por especialistas en longevidad por
su impacto en la prevención de enfermedades.
La clave: la edad biológica del cuerpo
A diferencia de la edad cronológica, que mide los años
vividos, la edad biológica refleja el estado real del organismo y su desgaste.
Para calcularla, los científicos utilizan relojes
epigenéticos, herramientas que analizan cambios en el ADN vinculados al
envejecimiento celular.
El estudio concluyó que mayores niveles de ejercicio se
asocian con una reducción en estos indicadores, lo que sugiere un
envejecimiento más lento.
Cómo impacta el ejercicio en el organismo
Los investigadores señalan que la actividad física podría
influir en procesos clave como la inflamación, el metabolismo y la reparación
del ADN.
Estos mecanismos ayudan a mantener patrones celulares más
cercanos a los de una biología joven, lo que explicaría la relación entre
ejercicio y menor deterioro del cuerpo.
Además, los resultados muestran que no cualquier actividad
tiene el mismo efecto: el ejercicio planificado y regular es el que presenta
beneficios más claros.
Qué tipo de actividad física genera más beneficios
El análisis no encontró una relación significativa entre la
edad biológica y la actividad física realizada en el trabajo, como levantar
peso o caminar por obligación laboral.
En cambio, actividades como caminar, hacer entrenamiento de
fuerza, subir escaleras o practicar deportes mostraron asociaciones positivas
con la salud y la longevidad.
Otros estudios citados indican que combinar distintos tipos
de ejercicio puede reducir el riesgo de muerte y enfermedades crónicas.
Un vínculo aún en estudio
Si bien los resultados son consistentes, los autores
advierten que la mayoría de los estudios analizados son observacionales.
Esto significa que todavía no se puede afirmar con certeza
si el ejercicio reduce directamente la edad biológica o si las personas más
saludables tienden a ser más activas.
Qué viene ahora en la investigación
Los científicos proponen avanzar con ensayos clínicos que
permitan medir con mayor precisión el impacto del ejercicio en el
envejecimiento.
También plantean la necesidad de estudiar distintos tipos
de actividad y su efecto en diferentes poblaciones.
De confirmarse estos resultados, el ejercicio físico podría
consolidarse como una de las herramientas más efectivas y accesibles para
retrasar el envejecimiento y mejorar la calidad de vida.
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