El papa León XIV protagonizó su primer Vía Crucis en el
Coliseo de Roma y sorprendió al retomar la tradición de cargar la cruz durante
todo el recorrido, ante más de 30.000 personas.
Un gesto que recupera la tradición
La ceremonia de Viernes Santo se desarrolló en un clima de
recogimiento, iluminada por velas y marcada por el silencio. León XIV llevó la
cruz a lo largo de las 14 estaciones, un gesto que no se repetía desde 1994.
La procesión comenzó en el interior del Coliseo, símbolo
del martirio de los primeros cristianos, y avanzó hasta los Foros Romanos,
donde se realizó la bendición final.
Mensajes centrados en la responsabilidad y la fe
Durante el recorrido se leyeron meditaciones que pusieron
el foco en la responsabilidad de quienes ejercen poder político y económico.
Los textos remarcaron que toda autoridad debe rendir cuentas por sus
decisiones.
También se destacó la necesidad de traducir la fe en
acciones concretas, con especial atención a los sectores más vulnerables, como
migrantes, personas privadas de libertad y víctimas de la violencia.
Referencias a problemáticas actuales
Las reflexiones incluyeron menciones a conflictos
contemporáneos y situaciones de exclusión social. En ese marco, se subrayó el
rol de las mujeres en tareas de cuidado, asistencia y contención en distintos
contextos.
A lo largo de las estaciones se rezó el Padre Nuestro en
latín, en una ceremonia que combinó tradición litúrgica y mensajes actuales.
Un contexto marcado por la memoria reciente
La celebración también estuvo atravesada por el recuerdo
del papa Francisco, fallecido en 2025. Su legado sigue presente en las
prácticas pastorales y en el enfoque social de la Iglesia.
El nuevo pontífice asumió en 2025 y este Vía Crucis
representó una de sus primeras grandes celebraciones públicas durante Semana
Santa.
La decisión de recuperar gestos históricos y reforzar
mensajes sociales marca el tono de su pontificado, con señales de continuidad y
renovación en la Iglesia católica.
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