Un equipo científico identificó una molécula clave del
sistema nervioso que cumple una doble función: participa en la percepción del
dolor y, al mismo tiempo, contribuye a la protección y recuperación de los
nervios.
El hallazgo fue realizado por investigadores del Karolinska
Institutet, en Suecia, y podría marcar un avance en el tratamiento de lesiones
nerviosas y del dolor crónico.
Una molécula con doble rol
La sustancia descubierta, llamada RNase4, es producida por
los nociceptores, células encargadas de detectar estímulos dañinos como el
calor o la presión.
Hasta ahora, su función estaba asociada a procesos
celulares básicos. Sin embargo, el estudio demostró que también interviene en
cómo el cuerpo percibe el dolor y en la preservación de las fibras nerviosas.
Cómo actúa en el organismo
Cuando ocurre una lesión, como una quemadura leve, el dolor
actúa como señal de alerta. Pero en paralelo se activan mecanismos internos de
protección y reparación.
En ese proceso, la RNase4 cumple un rol central: no solo
participa en la señal dolorosa, sino que también ayuda a mantener la estructura
de los nervios y favorece su regeneración.
Qué pasa si falta esta molécula
Los investigadores analizaron modelos en los que la RNase4
estaba ausente. Allí detectaron alteraciones en la sensibilidad al dolor y
daños en la mielina, la capa que recubre los nervios.
Además, observaron que la recuperación tras lesiones era
más lenta, lo que refuerza la importancia de esta molécula en la reparación del
sistema nervioso.
Impacto en el dolor crónico
El descubrimiento tiene implicancias directas en el estudio
del dolor neuropático, una condición persistente vinculada al daño de los
nervios.
Según los científicos, intervenir sobre los mecanismos de
la RNase4 podría permitir desarrollar tratamientos que no solo alivien el
dolor, sino que también mejoren la regeneración nerviosa.
Qué puede venir ahora
Aunque los resultados provienen de estudios experimentales,
la presencia de esta molécula en humanos abre el camino a futuras
investigaciones clínicas.
El próximo paso será evaluar su potencial terapéutico en
enfermedades neurológicas y lesiones complejas, con el objetivo de avanzar
hacia tratamientos más efectivos e integrales.
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