El gobierno chileno resolvió suspender el proceso de
regularización migratoria impulsado por la gestión anterior, que alcanzaba a
más de 182.000 personas en situación irregular. La medida marca un giro en la
política migratoria y refuerza el enfoque de control fronterizo.
La decisión fue confirmada por autoridades del Servicio de
Migraciones, que descartaron avanzar con un esquema de regularización masiva.
El plan había sido promovido durante la presidencia de Gabriel Boric como parte
de un relevamiento para identificar a quienes ingresaron por pasos no
habilitados.
Cambio de rumbo en la política migratoria
La nueva administración, encabezada por José Antonio Kast,
sostiene que priorizará medidas más estrictas frente a la migración irregular.
Entre sus objetivos, se incluye reforzar controles y avanzar con iniciativas
legales para desalentar el ingreso sin documentación.
Desde el Gobierno señalaron que parte de las personas
incluidas en el proceso previo registran antecedentes delictivos, lo que fue
utilizado como argumento para frenar la regularización.
Actualmente, se estima que en Chile viven más de 300.000
migrantes en situación irregular, en su mayoría de origen venezolano.
Nuevas leyes y control en fronteras
El Ejecutivo anticipó que enviará al Congreso proyectos
para endurecer el marco legal. Uno de ellos buscará sancionar a quienes
faciliten el ingreso irregular, mientras que otro propondrá tipificar como
delito el cruce ilegal de fronteras.
Además, se avanza con un plan de infraestructura en el
norte del país, especialmente en zonas limítrofes con Perú, que incluye
barreras físicas, mayor presencia militar y el uso de tecnología de vigilancia
como drones y sensores.
El despliegue forma parte de una estrategia más amplia para
reforzar la seguridad en áreas críticas.
Impacto social y debate abierto
La suspensión del proceso generó preocupación entre
migrantes que habían participado del empadronamiento con la expectativa de
regularizar su situación. Organizaciones sociales advierten sobre el aumento de
la vulnerabilidad y la falta de alternativas.
El Gobierno, por su parte, vincula el endurecimiento de las
políticas migratorias con la necesidad de combatir el crimen organizado y el
narcotráfico, aunque Chile mantiene una de las tasas de homicidios más bajas de
la región.
Mientras avanza el debate legislativo, el enfoque
migratorio del país queda en el centro de la discusión pública, con impacto
directo en miles de personas.
Qué puede pasar ahora
En las próximas semanas, el Congreso deberá analizar los
proyectos enviados por el Ejecutivo, mientras continúa la implementación de
medidas en frontera. La definición de este nuevo esquema marcará el rumbo de la
política migratoria chilena en el corto y mediano plazo.
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