El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que
su gobierno mantiene conversaciones con las autoridades cubanas y afirmó que
podría producirse una “toma de control amistosa” de la isla.
El mandatario realizó las declaraciones ante la prensa
antes de abandonar la Casa Blanca. Allí sostuvo que Cuba atraviesa una
situación económica crítica y que existen canales abiertos de diálogo entre
ambas administraciones.
Las expresiones se producen en un escenario de alta
sensibilidad política y diplomática entre Washington y La Habana.
Reuniones y posible alivio de sanciones
En paralelo, trascendió que equipos vinculados al
secretario de Estado, Marco Rubio, mantuvieron encuentros durante la cumbre de
la Comunidad del Caribe (Caricom).
Las conversaciones habrían girado en torno a un eventual
alivio gradual de sanciones económicas a cambio de reformas internas en Cuba,
bajo un esquema de revisión periódica.
Además, la administración estadounidense anunció esta
semana su intención de habilitar el envío de combustible desde empresas
energéticas norteamericanas hacia compañías privadas cubanas. El objetivo sería
fortalecer el sector privado de la isla y modificar el equilibrio económico
interno.
Incidente marítimo y clima de tensión
Las declaraciones de Trump coincidieron con la
investigación de un episodio marítimo fatal ocurrido recientemente. Las
autoridades cubanas calificaron a los involucrados como “terroristas” y
señalaron que habrían actuado con planificación desde territorio
estadounidense.
Desde Washington indicaron que se evaluará el caso antes de
adoptar cualquier decisión diplomática.
El contexto bilateral es frágil. En los últimos meses,
Estados Unidos endureció el bloqueo económico y aplicó restricciones
adicionales al suministro energético hacia Cuba.
Antecedentes históricos y sensibilidad regional
La relación entre ambos países arrastra décadas de
enfrentamientos y episodios de violencia, como la invasión de Bahía de Cochinos
en 1961.
También permanece en la memoria el atentado contra un avión
cubano en 1976, atribuido a Luis Posada Carriles, figura considerada terrorista
por el gobierno cubano y el FBI, aunque reivindicada por sectores del exilio en
Miami.
Las próximas semanas serán determinantes para conocer si
los contactos diplomáticos derivan en un acuerdo concreto o si las
declaraciones presidenciales escalan la tensión en una relación históricamente
marcada por la confrontación.
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