El gobierno de Irán lanzó una advertencia formal a los
estudiantes que protagonizan protestas en distintas universidades del país y
aseguró que no tolerará acciones contra los símbolos de la República Islámica.
Las manifestaciones se extendieron durante cuatro jornadas
consecutivas en campus de Teherán y otras ciudades, en un contexto de alta
tensión política y presión internacional por el programa nuclear iraní.
Advertencia oficial y “líneas rojas”
La portavoz del Ejecutivo, Fatemeh Mohajerani, afirmó que
el derecho a manifestarse está reconocido, pero remarcó que existen límites que
no pueden ser cruzados.
Entre ellos mencionó la bandera adoptada tras la Revolución
Islámica de 1979, luego de que circularan imágenes de estudiantes quemando el
emblema nacional en medio de las protestas.
En registros difundidos por agencias internacionales se
observan enfrentamientos verbales y forcejeos dentro de universidades, con
grupos a favor y en contra del régimen.
Protestas y represión
La nueva ola de movilizaciones estudiantiles se produce
tras las protestas masivas iniciadas en diciembre por la crisis económica y el
impacto de las sanciones internacionales.
En enero, las manifestaciones alcanzaron su punto más alto
y derivaron en una fuerte represión estatal. Organizaciones como Human Rights
Watch denunciaron detenciones masivas, torturas y ejecuciones tras juicios
sumarios.
Las autoridades iraníes reconocen miles de muertos en los
disturbios, aunque sostienen que la violencia estuvo vinculada a acciones
“terroristas” y a la injerencia de potencias extranjeras.
Arrestos y clima de temor
Grupos de derechos humanos aseguran que continúan los
arrestos en universidades y que muchos detenidos enfrentan procesos sin
garantías. Videos recientes muestran a estudiantes ocultando sus rostros por
temor a represalias.
Mientras tanto, el gobierno anunció que una comisión
investigará las causas de las protestas, aunque no dio detalles sobre
eventuales reformas o medidas concretas.
Presión internacional y despliegue militar
El escenario interno coincide con un aumento de la presión
de Estados Unidos, que mantiene negociaciones indirectas con Teherán por su
programa nuclear.
En paralelo, Washington reforzó su presencia militar en
Medio Oriente, mientras Irán respondió con ejercicios de la Guardia
Revolucionaria y advirtió que reaccionará ante cualquier ataque.
El conflicto diplomático y militar agrega incertidumbre a
una situación interna marcada por el malestar social y la vigilancia sobre los
movimientos estudiantiles.
Qué puede pasar
Con las universidades convertidas nuevamente en foco de
tensión, el gobierno iraní enfrenta el desafío de contener las protestas sin
reactivar un ciclo de violencia como el de enero.
Las próximas semanas serán clave para determinar si el
movimiento estudiantil se expande a otros sectores o si la represión y el clima
de temor logran desactivarlo.
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