Un equipo internacional de científicos confirmó el
descubrimiento de la pintura rupestre más antigua conocida hasta ahora: una
mano en negativo realizada hace al menos 67.800 años. La obra fue hallada en la
cueva Liang Metanduno, en la isla de Muna, al sureste de Sulawesi, Indonesia.
La datación supera en más de 15.000 años a los registros
previos de arte rupestre y aporta evidencia directa sobre la capacidad
simbólica de los primeros Homo sapiens en Asia sudoriental.
Dónde y cómo se encontró la pintura
La imagen corresponde a la silueta de una mano humana
aplicada sobre la pared de la cueva, rodeada por otras pinturas de distintas
épocas. Esto sugiere que el sitio fue utilizado de manera recurrente para la
producción artística durante miles de años.
El trabajo fue desarrollado por investigadores de
universidades australianas y de la Agencia Nacional de Investigación e
Innovación de Indonesia, en el marco de un proyecto de relevamiento sistemático
del arte rupestre de la región.
La técnica que permitió fecharla
Para determinar la antigüedad de la pintura, el equipo
utilizó análisis por series de uranio, un método que permite establecer la edad
mínima de las capas de calcita formadas sobre los pigmentos.
Las expediciones en la isla de Muna identificaron 44 sitios
con arte rupestre, incluidos 14 hallazgos inéditos. En total, se analizaron 11
motivos en ocho cuevas, siendo la mano de Liang Metanduno la más antigua.
Pistas sobre la migración humana
Sulawesi y las islas de Wallacea ocupan una posición clave
entre Asia y Oceanía. Los investigadores consideran que estos territorios
funcionaron como corredores naturales durante la migración de los primeros
humanos modernos hacia Sahul, la antigua masa continental que unía Australia,
Nueva Guinea y Tasmania.
El hallazgo refuerza la hipótesis de que los autores del
arte rupestre en Indonesia están vinculados con los ancestros de los pueblos
originarios de Australia.
Un detalle único en la obra
La pintura presenta una particularidad inédita: tiempo
después de su creación, alguien modificó los contornos de los dedos para darles
forma de garras. Este rasgo sugiere una reutilización simbólica de la imagen y
amplía el debate sobre el significado cultural del arte temprano.
Un legado que debe preservarse
Los científicos advirtieron que las dataciones establecen
edades mínimas, por lo que las pinturas podrían ser incluso más antiguas.
También recomendaron intensificar la protección de las cuevas y promover la
cooperación internacional para profundizar el estudio del pasado humano en Asia
y Oceanía.
El trabajo, publicado en la revista Nature, marca un punto
de inflexión en la comprensión del arte prehistórico y del recorrido de los
primeros Homo sapiens fuera de África.
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