Durante una emisión en vivo del ciclo Sería Increíble
(Olga), Maxi López realizó un comentario sobre Florencia de la V al responder
una consigna informal, lo que derivó en una rápida reacción crítica en redes
sociales. El episodio volvió a poner en primer plano la discusión sobre
identidad, humor y responsabilidad pública en los espacios de comunicación
digital de alto alcance.
El intercambio se produjo en una charla distendida del
programa, cuando Nati Jota consultó a López si besaría a un hombre. Tras unos
segundos de silencio y ante la insistencia de la conductora, el exfutbolista
respondió con una referencia errónea al mencionar a “Florencia de la Vega”. La
corrección inmediata del equipo —que aclaró el nombre y la identidad de la
conductora— no evitó que la confusión se profundizara, ya que López insistió
con preguntas que incrementaron la incomodidad en el estudio.
El fragmento se viralizó en minutos y se sumó a una serie
de exposiciones recientes del exdelantero desde su regreso al país para
integrarse al streaming. En un ecosistema mediático donde los contenidos
circulan sin mediaciones editoriales tradicionales, este tipo de episodios
adquiere una amplificación inmediata.
Las reacciones en plataformas como X e Instagram incluyeron
cuestionamientos por la liviandad del comentario y por la falta de información
al abordar temas vinculados a la identidad de género. Usuarios señalaron la
necesidad de mayor cuidado en figuras públicas con llegada a audiencias
jóvenes, mientras otros vincularon el episodio con polémicas previas de López
en programas de televisión, como su relato sobre el nacimiento de su hijo
Lando, que días antes había requerido aclaraciones públicas.
El impacto no se limita al plano individual. El caso
reaviva un debate más amplio sobre los límites del humor en los medios, la
desinformación involuntaria y la responsabilidad de quienes ocupan espacios de
visibilidad masiva en un contexto de creciente sensibilidad social.
Tras el episodio, no se registraron disculpas formales ni
comunicados oficiales, aunque el antecedente sugiere que nuevas aclaraciones
podrían surgir ante la persistencia del tema en la agenda digital. Para los
programas de streaming, el caso refuerza la necesidad de protocolos editoriales
y de formación básica en diversidad e identidad, en un entorno donde la
espontaneidad convive con consecuencias públicas inmediatas.
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