La relación entre Argentina y Brasil atraviesa un nuevo
punto de fricción en la antesala de la firma del acuerdo comercial entre el
Mercosur y la Unión Europea, prevista para el sábado próximo en Paraguay. El Gobierno
argentino cuestionó con dureza al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da
Silva, luego de que Brasil decidiera dejar de representar los intereses
consulares de la Argentina en Venezuela, una medida que agrega tensión política
a un momento clave para la integración regional.
La decisión de Brasil fue comunicada por su Cancillería
tras meses de asumir la representación argentina en Caracas, función que había
comenzado en julio de 2024 luego de la expulsión de diplomáticos argentinos por
parte del gobierno venezolano. El giro se produce en un contexto regional
sensible, marcado por la detención de Nicolás Maduro y la transición política
impulsada por Estados Unidos en Venezuela. Desde la Casa Rosada interpretan el
movimiento brasileño como una señal política vinculada a las diferencias
ideológicas entre Lula da Silva y el presidente argentino, Javier Milei,
especialmente por el respaldo explícito de Buenos Aires a las decisiones de
Washington.
El deterioro del vínculo entre Argentina y Brasil —los dos
principales socios del Mercosur— tiene implicancias directas para el bloque
integrado también por Uruguay y Paraguay, en un momento en que el acuerdo con
la Unión Europea busca cerrar más de dos décadas de negociaciones. A nivel
diplomático, la salida de Brasil obliga a la Argentina a redefinir su
estrategia en Venezuela, mientras que en el plano político refuerza la
fragmentación regional frente a actores externos como Estados Unidos y la Unión
Europea. En la Casa Rosada sostienen que la postura argentina es consistente y
prioriza alineamientos estratégicos, mientras que Brasil intenta preservar
equilibrios regionales distintos.
En el corto plazo, el foco estará puesto en la firma del
acuerdo Mercosur-UE en Paraguay, donde no se descarta que Milei y Lula eviten
un contacto directo. En paralelo, Argentina evalúa que Italia asuma su
representación en Venezuela, una posibilidad que requerirá la aprobación formal
del gobierno venezolano y podría demorar su implementación. Más allá de la
coyuntura, el episodio deja abierta la incógnita sobre la capacidad del
Mercosur para sostener una agenda común en medio de divergencias políticas profundas
entre sus principales miembros.
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