La comunidad de Kerrville, Texas, se enfrenta a una
desgarradora realidad tras la repentina crecida del río Guadalupe durante el
feriado del 4 de julio. El desastre natural ha dejado una cifra creciente de
víctimas y desaparecidos, y los testimonios de los sobrevivientes revelan la
cruda magnitud de la tragedia.
Bud Bolton, residente de la zona, perdió su hogar, pero
para él, la pérdida material es insignificante comparada con la angustia
vivida. "Esos gritos de los niños que no pudimos alcanzar y no pudimos
salvar, eso es lo que nunca vamos a olvidar", relató Bolton a FOX Weather
mientras removía escombros.
Antes de la llegada de cientos de rescatistas y voluntarios
de todo el país, fueron los propios vecinos quienes intentaron auxiliar a las
familias atrapadas por la fuerza de la corriente. Bolton describió escenas de
desesperación: "Vimos familias en casas rodantes, campers y automóviles
siendo arrastradas. Hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance". Estimó
que en un tramo de apenas 200 a 300 metros, los restos de entre 75 y 80
viviendas, incluyendo casas pequeñas, RVs y remolques, quedaron completamente amontonados.
En Kerr County, la cifra de víctimas sigue aumentando. Al
menos 30 niños figuran entre los fallecidos, muchos de ellos asistentes a Camp
Mystic, un campamento cristiano para niñas ubicado a orillas del río. Según los
relatos, las aguas arrasaron las cabañas, obligando a las jóvenes y a sus
tutoras a intentar llegar a los puntos de evacuación entre las corrientes
desbordadas.
La búsqueda desesperada y la solidaridad vecinal
Más allá de haber perdido su vivienda, Bolton y su hijo han
dedicado largas jornadas a recorrer la zona, con la esperanza de ayudar a
identificar a los desaparecidos. La mañana siguiente a la catástrofe, el hijo
de Bolton acudió al río en su kayak, donde continúa participando en las labores
de búsqueda junto a más de 160 personas. Cinco niñas de Camp Mystic aún
permanecen desaparecidas.
"Me dijo ‘Papá, tengo que ir. No soy rescatista, pero
conozco este río tan bien como cualquiera’", relató Bolton, conmovido.
Durante la búsqueda, el joven halló el cuerpo de una niña que, se cree, formaba
parte del campamento, y la llevó hasta la orilla en su kayak. "Eso nunca
se me va a borrar. Hay quienes tienen que ver esa realidad, porque hasta que no
la ves con tus propios ojos no entiendes", añadió Bolton.
Decenas de personas siguen sin ser localizadas en Kerrville
y sus alrededores. Los equipos de emergencia, apoyados por voluntarios,
rastrean las riberas y remueven toneladas de escombros. Las autoridades han
solicitado la colaboración y donaciones de la población para asistir a las
familias damnificadas.
Bolton enfatizó la urgente necesidad de implementar
sistemas de alerta temprana para prevenir futuras catástrofes de esta magnitud.
"Espero que se implemente una advertencia de inundación real en el río.
Algo bueno tiene que salir de esto", expresó. A pesar de la devastación,
la solidaridad entre los vecinos es un consuelo: "Es triste que sean estas
tragedias las que nos hagan unirnos, pero de aquí va a salir algo bueno. Dios
lo promete. Solo hay que tener fe y confiar en que vienen tiempos
mejores", concluyó.






